Rev Esp Endocrinol Pediatr

Rev Esp Endocrinol Pediatr 2011;2 Suppl(1):53-58 | Doi. 10.3266/RevEspEndocrinologPediatr.pre2011.Apr.51
Nódulo tiroideo en la infancia

Enviado a Revisar: 29 Abr. 2011 | _ACCEPTED: 29 Abr. 2011  | En Publicación: 1 May. 2011
M. Oyarzábal, M. Chueca, S. Berrade
Unidad de Endocrinología Pediátrica. Complejo Hospitalario de Navarra. Pamplona
Correspondencia para M. Oyarzábal, Unidad de Endocrinología Pediátrica, Complejo Hospitalario de Navarra, Pamplona
Tabla 1
Tabla 2
Figura 1

Introducción

 

El nódulo tiroideo (NT) es una lesión focal en el interior de la glándula tiroidea, con características y consistencia diferenciadas  del resto del parénquima glandular.

 

Comparado con la población adulta, es una entidad poco frecuente en pediatría. Su prevalencia varía según el método de detección, desde el 1-1.5%
si se descubre por palpación hasta un 3% si el diagnóstico es ecográfico.

 

El riesgo de malignidad del NT es mayor en el niño; su frecuencia en la mayoría de las series pediátricas publicadas es de 18-21% frente al 5-15% en los adultos, y se asocian con mayor riesgo de metástasis a ganglios regionales o  a distancia (especialmente pulmón y hueso).

 

Los NT son 2-3 veces más frecuentes en niñas que en niños y en época puberal más que en edades tempranas de la vida. Por otro lado, el riesgo de carcinoma es mayor en varones que en mujeres (26.3% versus 13.5%).

 

Factores de riesgo

 

Existen diversos factores que se asocian a un mayor riesgo de NT como la  pubertad,  enfermedad tiroidea previa (hipotiroidismo congénito debido a dishormogénesis o defectos del transporte de yodo, enfermedad tiroidea autoinmune), historia familiar de enfermedad tiroidea, deficiencia de yodo, síndromes genéticos (MEN, poliposis adenomatosa familiar, complejo Carney  o enfermedad de Cowden).

 

El factor de riesgo de nódulo y cáncer tiroideo más importante y ampliamente conocido, es la historia de exposición previa a radiación de cabeza, cuello y tórax (hoy en día, en relación a radioterapia empleada en linfomas de Hodgkin y  previo a trasplante de médula ósea). Esta relación entre NT e irradiación se puso de manifiesto en EE.UU. a mediados del siglo pasado, por el notable incremento de casos tras el empleo de radioterapia para tratamiento de diversas patologías banales (acné, hipertrofia amigdalar, hemangiomas, tiña capitis), con una altísima incidencia de malignidad (según las series hasta el 70% de los casos). Después de las catástrofes nucleares de Nagasaki, Hiroshima y Chernobyl se ha demostrado que el desarrollo de tumores tiroideos puede aparecer desde los 4 hasta los 40 años tras la exposición, con un pico entre los 10-20 años, y que radiaciones tan bajas como 0.1 Gy aumentan el riesgo de cáncer. Los datos provenientes de las  zonas más expuestas a la radiación tras el accidente de Chernobyl,  como Bielorrusia y Ucrania, señalan un incremento de hasta 62 veces del cáncer tiroideo infantil.

 

Clasificación

 

Los NT pueden ser sólidos, quísticos o de naturaleza mixta y a su vez, solitarios o múltiples (glándula tiroidea multinodular).

 

Etiología: lo primero a diferenciar es si el NT tiene un origen tiroideo o  extratiroideo, como quistes branquiales y del conducto tirogloso, quistes o adenomas paratiroideos, hemangiomas, etc. Las lesiones de origen tiroideo pueden ser de naturaleza benigna (quiste coloide, adenoma, bocio multinodular, tiroiditis, absceso) o maligna (carcinoma, linfoma, metástasis).

 

Si el NT es maligno, según sus características histológicas se clasifica en carcinoma papilar (75-80%), folicular (10-15%), anaplásico (3-5%) o carcinoma medular.

Diagnóstico

 

La evaluación diagnóstica del NT en niños y adolescentes no difiere del adulto.

 

Precisa una exhaustiva anamnesis, una minuciosa exploración física, test de función tiroidea, ecografía y gammagrafía tiroidea, PAAF y, en algunos casos, estudios moleculares.

 

Anamnesis y exploración:

En la mayoría de los casos el NT se presenta como una masa cervical asintomática, detectada por el propio paciente o en un examen rutinario. En la historia clínica se hará especial hincapié en los antecedentes, tanto familiares como personales, tiempo de evolución y crecimiento del  NT,  datos clínicos de disfunción tiroidea y síntomas locales como dolor, tos, disfagia o disfonía.  El examen físico incluirá una evaluación del tamaño del nódulo, consistencia, fijación a tejidos adyacentes  y presencia de adenopatías cervicales. En la Tabla 1 se recogen los principales factores predictores de malignidad.

 

Laboratorio_

A todos los niños con NT se les realizará  estudio de función tiroidea con TSH, FT4, TG, anticuerpos tiroideos y calcitonina.

Hay que tener presente que el diagnóstico de hipo, hipertiroidismo o la positividad de anticuerpos no excluyen la posibilidad de malignidad.

La elevación de tiroglobulina tampoco es de ayuda para discernir entre proceso benigno o malignos, aunque puede ser útil tras la cirugía como rastreo de tejido residual o metastásico.

 

La calcitonina se utiliza como marcador tumoral en endocrinopatías familiares con riesgo de cáncer medular (MEN).

 

Ecografía tiroidea:

Es el método no invasivo de elección para la valoración del NT. Se debe emplear como primera línea de estudio ante todo niño con sospecha de NT y como seguimiento  sistemático de pacientes asintomáticos con antecedentes de irradiación cervical.

Aporta información sobre número,  tamaño, ecoestructura, ecogenicidad, localización y afectación ganglionar, así como posibles datos  sugestivos de benignidad (nódulos quísticos puros y aspecto espongiforme) o malignidad (Tabla 2).

 

Gammagrafía tiroidea:

Esta técnica permite valorar la actividad funcional de nódulos mayores de 1 cm, aunque es de escasa utilidad para el diagnóstico de carcinoma. Clasifica los NT en  hiperfuncionantes (calientes) e hipofuncionantes (fríos), en general éstos son más frecuentes y con mayor riesgo de malignidad.

 

PAAF y citología:

La citología por punción y aspiración con aguja fina (PAAF) guiada por ecografía es actualmente el mejor método para determinar la naturaleza benigna o maligna de los NT, tal y como se ha demostrado en diversas series pediátricas. Tiene  alta sensibilidad y especificidad, así como  valor predictivo.  Su indicación se reserva para aquellos nódulos  mayores de 1 cm o menores si hay signos ecográficos o clínicos sugestivos de malignidad. La precisión de la prueba depende en gran medida de la habilidad del profesional que la realiza, así como del patólogo responsable del análisis citológico. Las PAAF guiadas por ecografía pueden mostrar una citología diagnóstica en el 75% de los nódulos sólidos y en el 50% de los quísticos.

 

Manejo y Tratamiento

 

Con frecuencia, requiere tratamiento quirúrgico que debe llevarse a cabo por cirujanos expertos, formados específicamente en este tipo de procesos.

 

Una vez estudiado el NT, la citología por PAAF determina la actuación a seguir (Figura 1).

 

El nódulo benigno (por PAAF) permite distintas actuaciones que habrá que individualizar en cada caso(2):

 

Observación: supone una carga psicológica y económica a largo plazo. Obliga  a hacer control periódico mediante palpación del cuello, determinación de TSH y ecografía. Si hay un aumento significativo en el tamaño, considerar repetir la PAAF o hacer escisión quirúrgica.

 

Cirugía: indicado en caso de síntomas relacionados con el NT. Da el diagnóstico histológico definitivo.

 

Levotiroxina: tiene su indicación en zonas con déficit de yodo y en pacientes jóvenes con nódulos pequeños 21, produciendo disminución del crecimiento del NT.

 

Inyección percutánea con etanol: efectiva en nódulos con gran componente líquido.

Ablación con láser: en aquellos NT que dan síntomas o problemas cosméticos, como alternativa a la cirugía.

 

Si la citología no es diagnóstica, hay que tener en cuenta que hasta el 7% de los nódulos continua produciendo citologías no concluyentes a pesar de biopsias repetidas, y que pueden ser malignos en el momento de la cirugía20. Si el nódulo es parcialmente quístico y la citología continúa siendo no diagnóstica, se recomienda una observación estrecha o la cirugía, siendo ésta la opción más recomendada si el nódulo es sólido3.

 

Citología sospechosa de malignidad: la cirugía es la opción recomendada.

 

Citología maligna positiva:

• Carcinoma diferenciado de tiroides: se recomienda tiroidectomía y linfadenectomía, cuando esté indicada, seguida de ablación con radioyodo para destruir el tejido residual, y disminuir así el riesgo de recurrencia.

 

• Carcinoma anaplásico, lesiones metástasicas y linfomas requieren más estudios diagnósticos previos a la cirugía.

 

Si los estudios diagnósticos son consistentes con un “adenoma tóxico” (TSH suprimida, I-123 con hipercaptación en el nódulo y con el resto de la glándula no visible), se recomienda la extirpación quirúrgica, ya que no es probable que se resuelvan espontáneamente o la ablación con yodo radioactivo, sobre todo en adolescentes mayores.

 

Seguimiento

 

En el nódulo tiroideo benigno, si se realiza tratamiento conservador, hay que controlarlo con ecografías seriadas, y si se hace tiroidectomía parcial, ecografía del tejido restante para controlar recurrencias. Si se incrementa de tamaño hay que repetir la PAAF. El tratamiento con L-tiroxina no se debe administrar de rutina, ya que hay pocos datos que demuestren que decrece el tamaño del nódulo en pacientes eutiroideos.

 

En el caso del cáncer folicular de tiroides, tras la cirugía inicial, se debería evaluar periódicamente con determinaciones de tiroglobulina y ecografía, y realizar una ablación del tejido tiroideo residual con I131 si fuera necesario.

 

Nódulo tiroideo y cáncer diferenciado de tiroides

 

La mayoría de los cánceres en niños son diferenciados, bien papilar o folicular. Un 5% son medulares, en asociación con MEN.

 

El cáncer papilar de tiroides en los niños tiende a ser multifocal, y la tiroidectomía total o casi total, es el tratamiento recomendado22. Después de la tiroidectomía, la mayoría de los niños reciben yodo radiactivo para extirpar el tejido residual tiroideo y evitar la enfermedad persistente. El tratamiento con yodo radiactivo se ha asociado a una menor tasa de recurrencia 23-24, pero dado que no existe un beneficio probado en la supervivencia libre de enfermedad o la recurrencia, no suele recomendarse en pacientes con cáncer uni-multifocal <1 cm, sin otras características de alto riesgo (metástasis a distancia, invasión vascular, extensión extratiroidea, subtipos histológicos preocupantes como células altas, columbares, insulares o histologías poco diferenciadas)3. Los microcarcinomas (<1 cm) se curan con tiroidectomía. En general, es recomendable tratar posteriormente con FT4 para mantener las concentraciones de TSH por debajo de la normalidad.

 

Si el yodo radiactivo está indicado como ablación de restos tiroideos o para estudio de seguimiento/diagnóstico, la preparación con tirotropina recombinante en niños ha demostrado ser tan eficaz como la retirada de la hormona tiroidea, para conseguir los niveles deseados de TSH25. La determinación de tiroglobulina sérica es útil en el seguimiento de las recidivas 26.

 

Carcinoma medular de tiroides (MTC):

La tiroidectomía total es el tratamiento de elección para los niños con MTC. En los que existe riesgo de MTC, por familiares con MTC y se sospeche la mutación del protooncogen RET se recomienda tiroidectomía total profiláctica durante la primera infancia, y en aquellos con mutaciones de alto riesgo (MEN 2B) la tiroidectomía se recomienda ya durante el primer año de vida 27.

 

Pronóstico

 

La tasa de supervivencia de los niños con cáncer de tiroides parece ser mejor que en los adultos, incluso en la recurrencia de la enfermedad. Existen varios estudios en la literatura que así lo apoyan28,29,4.

 

En conclusión

 

Los nódulos tiroideos generalmente son asintomáticos, lo que no descarta malignidad. La historia clínica y la evaluación física deben identificar factores de riesgo de malignidad (irradiación previa del cuello en supervivientes de cáncer, entre otros). Básicamente hay que hacer analítica de función tiroidea, ecografía tiroidea y punción-aspiración de la lesión, con máxima exactitud diagnóstica. La gammagrafía tiroidea se solicitará en caso de TSH suprimida. Si existe sospecha de MEN, hacer calcitonina y análisis de protooncogén RET.

 

Los pacientes con nódulos benignos deben controlarse clínicamente y con ecografía. Los nódulos malignos o sospechosos de malignidad deben tratarse quirúrgicamente.

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